¡Bendito insomnio!
Que me arrebatas las primeras horas de luz.
¡Bendito!
Que haces de mis noches, largas horas de reflexión.
Reflexión, reflexión, reflexión... Es lo que son mis textos, reflexiones.
No escribo poesía, ni prosa, ni novela. Escribo mi mente, escupo palabras
e intento adecuarlas al sentido humano.
Si no, tú, que estás leyendo esto, no serías capaz de contemplar lo que de mi mente escapa.
Es un presente, un presente efímero repleto de vulgares términos,
que no dictan más que, lo que una noia joven, puede inmortalizar sobre un fondo de color blanco.
¡Bendito insomnio!